jueves, 26 de mayo de 2016

62 Personas poseen el 50% de la riqueza mundial

Según un informe de Oxfam publicado en enero de este año, 62 personas poseen la misma riqueza que el 50% de la población mundial, unos 3600 millones de personas.

¿Cómo se ha permitido este disparate? Sencillamente porque no es casualidad. Estas cifras son la constatación del triunfo de las clases dominantes sobre el resto de la población.

La concentración de la riqueza y del poder siempre ha sido el objeto de las élites sociales, pero no es hasta mediados del siglo XX cuando la desigualdad alcanza índices descomunales.

Acabada la II Guerra Mundial, se produce el retorno de millones de veteranos participantes en la contienda. Los gobiernos europeos se ven en la tesitura de tener que premiar de algún modo los enormes sacrificios asumidos por buena parte de la población. Se desarrolla el Estado de Bienestar en Occidente con medidas sociales encaminadas a la mejora de la clases trabajadoras.

En EEUU tras el desastre bursátil del 29, estas medidas ya venían introduciéndose. A la Seguridad Social y las reformas laborales se unió la subvención de la educación superior para aquellos soldados que habían combatido contra el Eje.



Fueron años de un extraordinario crecimiento económico basado en la producción y la manufactura. El aumento de los ingresos en la población permitió el aumento del consumo y el desarrollo generalizado Henry Ford subió el sueldo a sus empleados para que pudieran comprar sus coches. Además, en los 60 y 70 se lograron extraordinarios logros en derechos civiles de la mano de líderes como Martin Luther King o Malcolm X, y el auge de movimientos sociales pacifistas, ecologistas, feministas, etc.

El 85% de la economía estadounidense se basaba en la producción y el 15% restante en las finanzas. Unas finanzas reguladas y que movían el dinero sobrante en forma de créditos para vigorizar una economía sólida a la que sí podía llamarse capitalismo.



Este despertar social no pasó desapercibido por las clases dominantes, que tras tomar buena nota de la deriva que la sociedad americana estaba tomando, comenzaron a preparar el contragolpe abonando el terreno durante la crisis de los años 70. En 1980 es elegido Presidente de los EEUU de América Ronald Reagan, un enemigo beligerante y tenaz de las políticas keynesianas y del Estado, al que atribuye todos los males de la nación. Junto a Thatcher en Gran Bretaña elaboran un plan ambicioso y global que llega hasta nuestros días y que se basó en dos grandes ejes:

-Desregularización del sector financiero: esto permitió el aumento del porcentaje del PIB que suponían las finanzas y el auge de la economía de especulación. Las grandes empresas se dan cuenta que logran mayores beneficios moviendo grandes cantidades de dinero de un sitio a otro del planeta que con su propio producto; la banca de inversión sienta las bases para el dominio absoluto de la economía y las aseguradoras y las grandes corporaciones no tardan en subirse al carro.

-Deslocalización de la producción: la globalización permitió a las empresas establecer su producción en cualquier país del mundo, adoptando de inmediato la legislación nacional de cada territorio. Por tanto, los obreros comienzan a competir con obreros de otros países del mundo en los que la legislación permite la explotación de los mismos. Según Adam Smith "la libre circulación del trabajo es la base de todo sistema comercial libre" y sin embargo, desde los 80 hasta la actualidad, ni el trabajo ni los obreros circulan, pero si el capital. Este sistema teorizado por muchos economistas como Alan Greespan (Presidente de la Reserva Federal) se cimentó bajo la premisa de "aumentar la inseguridad del trabajador", lo que permitió la rápida extinción de la afiliación sindical (sólo un 7% de los americanos en empresas privadas están afiliados a un sindicato) y la expansión general de condiciones de trabajo precarias. Noam Chomsky habla del precariado como aquel proletariado que trabaja bajo condiciones de precariedad que le impiden abandonar la pobreza.



Todo este gigantesco plan global no sólo se reduce a la creación de estrategias económicas. También el aspecto emocional es importante. Las clases dominantes quieren despojar al resto de la población de valores como la solidaridad. La solidaridad y la compasión, valores que nos hacen humanos, representan un gran peligro para las élites. El Estado de Bienestar se basa en la solidaridad de la comunidad con aquellos de los nuestros que más lo necesitan. Por tanto, es algo a aniquilar porque no produce ningún beneficio.




Las joyas de la corona son la sanidad y la educación. Dos bolsas potenciales de negocio con enormes posibilidades para el enriquecimiento. Es evidente que existe una presión desmedida proveniente de las élites para liquidar estos dos sistemas y que pasen a manos privadas. La forma estándar para privatizar un sistema es recortar fondos. Si recortas fondos, el sistema dejará de funcionar y la gente se quejará. Entonces será el momento de ofertar la privatización con la premisa de que lo privado es más eficiente. Es decir, se crea un problema para después ofrecer su solución. La clave para aplicar una medida inaceptable es introducirla gradualmente, como hicieron con los salarios, las condiciones precarias, etc. Nuestros padres, con menos formación que nosotros, podían adquirir viviendas con trabajos de baja cualificación y además mantener a dos o tres hijos, algo casi imposible para una pareja joven de hoy día.

Por supuesto, los medios de comunicación son la piedra angular de todo el proyecto en su papel de principal herramienta de manipulación de masas. Desde los medios, las élites dominantes pueden promover la ignorancia y la mediocridad entre las mismas y así poder inculcarles el sentimiento de culpa sobre su propia desgracia. También es muy útil fomentar la envidia, el odio y la competencia desleal entre las clases trabajadoras, de forma que se peleen entre ellos por las migajas que las clases dominantes les lanzan para que puedan sobrevivir.



Este juego social tan macabro es posible gracias a la ingente cantidad de información que las élites tienen de las clases más bajas y que ellas mismas les proporcionan a través de las redes sociales. La Big Data es la herramienta más codiciada por las corporaciones para poder manejar a su antojo a los miles de millones de desgraciados que están atrapados en descomunales servidores de varias partes del planeta.


Voltaire dijo que "si los pobres empezaran a razonar, estaría todo perdido", pero me temo que Voltaire no conocía Internet.

lunes, 23 de mayo de 2016

La Copa del Rey y las esteladas

Tras la resaca de la final de la Copa del Rey varios asuntos han quedado claros. Primero, que los políticos son expertos en crear problemas donde no los hay, como demostró la Delegada del Gobierno con la famosa prohibición de las esteladas. Menos mal que un juez sensato fue el encargado de revocar la estúpida medida y de paso dejar en evidencia a la señora Delegada. En la grada del Calderón se vieron ayer todo tipo banderas, incluyendo banderas españolas ondeadas por la afición culé. Total normalidad.

La estelada y la rojigualda durante la final de ayer
Segundo, que la medida de la Delegación del Gobierno desató de nuevo todo tipo de análisis, opiniones, polémicas y gritos de voceros cargados de odio y rencor. Ese odio latente entorno al tema catalán que emerge como un geisher cada vez que tiene ocasión, y que tiende hacia una quimera: la imposición del sentimiento mediante la fuerza. Todavía hoy una gran mayoría de españoles piensan que la forma más adecuada de solucionar el eterno debate de la unidad de España se resuelve mediante la fuerza o la justicia.

Nadie termina de aceptar que España no es Francia. Se apela a los franceses cantando la marseillaise en un estadio de fútbol o a las banderas estadounidenses ondeando al viento en todos los jardines yankis. Cada país tiene un trasfondo histórico que le ha llevado a donde está. España no tiene porqué ser como los demás. De hecho, no lo es. Si no reconocemos que esta península se ha forjado entorno a la relación histórica de varios pueblos independientes pero interrelacionados, nunca nos daremos un entorno de respeto y armonía para convivir. Varios hechos puntuales a lo largo de los últimos cinco siglos han conformado un Estado de naciones claramente diferenciadas y profundamente interrelacionadas con el resto.

Reino Unido es un estado unitario formado por cuatro naciones constitutivas: Inglaterra, Escocia, Galés e Irlanda del Norte, con un parlamento y tres administraciones descentralizadas que funcionan como un reloj suizo. Los ingleses se saben parte de UK y aceptan las diferencias históricas con los galeses, y desde luego no intentan imponerles su bandera. El verano pasado se realizó un referéndum en Escocia con una normalidad que aquí dejó boquiabiertos a los más estúpidos. No es más que un ejemplo para trasladar la diversidad de formas de gobierno que los países se dan en función de los pueblos que los conforman.

Aquí llevamos décadas intentando encajar un puzzle que no encaja y nos frustramos y nos cabreamos entre nosotros. Y resulta que el puzzle no encaja porque sobre la mesa tenemos piezas para conformar cuatro puzzles distintos y ponerlos en el mismo marco.

Los árboles a veces no dejan ver el bosque.


viernes, 6 de mayo de 2016

Rajoy I El Estratega

El próximo 26 de Junio volveremos a tener elecciones generales tras el estrepitoso fracaso de los últimos meses. Ningún partido ha sido capaz de poner encima de la mesa cesiones y sacrificios en pro del necesario acuerdo que aventuraban los resultados de diciembre. El pacto PSOE-Ciudadanos era tan limitado en número de escaños que no pasó de mera declaración de intenciones, aunque nos sirvió para echarnos unas risas en la fallida investidura. Podemos, por su parte, tampoco quiso bajarse del burro en sus exigencias regionales al estar atado de pies y manos por sus propias confluencias. Y qué decir del PP, marginado estrella del Parlamento y espectador de lujo del show rival.
A pesar de todo y de cara a la segunda vuelta que estos idiotas nos han obligado a sufragar, no se observa cambio alguno en sus actitudes. Ni siquiera han llegado a un acuerdo para disminuir el gasto electoral de la campaña: unos diez millones de euros sólo en papeletas y demás basura. Todos se llenan la boca ante los medios sobre la necesidad de abaratar costes, y por supuesto, a la hora de votar todos se niegan a renunciar a la cuota que les corresponde por ley.




A nadie se le ha ocurrido proponer una serie de debates televisivos donde los candidatos expongan su idea para España y la contrasten con los adversarios. De hecho, el Presidente Rajoy ya ha advertido que no piensa acudir a ningún debate electoral porque no ve la necesidad de ello y porque los debates hay que prepararlos; entiendo que es demasiado trabajo para estar en funciones.
El sentido común nos dice que sería la fórmula más eficaz y más barata para hacer llegar a los ciudadanos las propuestas de cada partido, que al fin y al cabo es de lo que se trata. En vez de eso, parece ser que los partidos prefieren inundar los buzones con basura que nadie lee y con carteles en los que nadie se fija, amén del trasiego de dinero que piensan manejar.
Si las encuestas no mienten, todo apunta a un resultado muy similar al de diciembre, y por tanto, a un nuevo bloqueo institucional, y más, observando el nivel de desprecio mutuo que los partidos más afines tienen entre sí. En el último acto de celebración del Dos de Mayo en Madrid, Rajoy y Rivera estuvieron a menos de dos metros uno del otro durante más de tres horas y ni siquiera se saludaron. Aun así, el magnánimo Mariano y sus gurús electorales cuentan como propios los votos de Ciudadanos, y hablan con toda tranquilidad de un posible Gobierno Rajoy-Rivera, a pesar de la evidencia palpable de la nula afinidad de sus líderes. Es más, toda la prensa hace sus cábalas entorno a esa posibilidad. Rajoy, al que antes de las elecciones de diciembre se daba por muerto, no sólo ha conseguido salvarse de la quema parlamentaria esquivando la investidura, sino que ha dejado que Sánchez se consuma en su propia incapacidad para aglutinar a Ciudadanos y a Podemos entorno a su figura, fracasando en todos sus intentos por ser Presidente. Además, las encuestas vuelven a situar como primera fuerza al PP, y es más que posible que repita cargo. No olvidemos que es gallego y que sabe encajar hostias, condiciones que parecen elevarle por encima de cualquier adversidad, incluso cuando estuvo en la rampa de salida tras perder las elecciones en la segunda legislatura de Zapatero. Con cetro de caudillo y una guardia pretoriana que le mantiene en una cúpula alejado de la realidad, Rajoy sigue vivo caiga quien caiga.


En cuanto al pacto Podemos-IU, sólo cabe preguntarse el porqué Iglesias renuncia ahora a la supuesta transversalidad de su partido al aliarse con un socio comunista que no teme alzar el puño izquierdo en público. Es una apuesta arriesgada que parece encubrir el temor de una pérdida de votos del sector de Podemos más alejado de las confluencias. Es decir, aquella gente que creyó en la idea de Podemos como un conjunto de ciudadanos hartos de la perversión del sistema, pero con esperanzas de un cambio. Esa gente ha sido testigo de cómo Iglesias ponía como condición primera para negociar, la inclusión del referéndum catalán antes que el paquete de medidas sociales urgentes que este país necesita. Y esa gente es mayoría en Podemos; en cambio, Pablo Iglesias ha mostrado una imagen de títere a merced de Xavi Domenech, Compromís, los independentistas gallegos, etc...

Las urnas proveerán...

martes, 12 de abril de 2016

Ciudadanos y Podemos: Agua y Aceite

Por lo visto en la última reunión entre PSOE, Ciudadanos y Podemos, ni pacto de investidura, ni pacto de gobierno. Una reunión que nace muerta no puede vivir; es tan sencillo que resulta absurdo subrayar lo obvio. Lo peor es que los tres actores de la tragicomedia representada hace unos días lo sabían, y fueron expresamente a perder el tiempo y a posar ante los fotógrafos.

Los verdaderos dirigentes de Ciudadanos, apostados entre bambalinas, ya se han encargado de marcar a fuego las líneas rojas de su partido entre los chicos de bien que colocaron para salir en la tele. Me refiero a Arcadi Espada, ex díscolo periodista de EL PAÍS, que ahora escribe para El Mundo; también a Boadella, el cómico más odiado por el nacionalismo catalán; a Javier Nart, periodista, abogado y estrella de las tertulias televisivas de Mª Teresa Campos; también a Garicano, ex gurú económico de FAES; y cómo no, al propio Girauta, que decidió salir del oscurantismo y colocarse como Portavoz del partido en el Congreso antes de perder el control sobre su chico estrella.



Porque Albert Rivera, Inés Arrimadas o Begoña Villacís, no son el núcleo duro de nada. Son tan sólo las caras amables que el partido muestra para su exhibición al pueblo. Es un producto bien acabado y listo para su consumo, pero nada original. Detrás de ese maquillaje tan pedante de sociedad civil liberal y moderna, se esconden los intereses de siempre; es un coche con el mismo motor, pero con carrocería nueva y relucientes cromados.


Las empresas más poderosas de este país dejaron en la estacada a Mariano hace unos meses ante la obviedad de las encuestas, que le otorgaban la peor valoración de un Presidente en toda la democracia. Rajoy, que es un tipo rencoroso y vengativo, culpó a Rivera por robarle la "novia" de los huevos de oro, y comenzó a mostrar públicamente su desprecio más absoluto por Ciudadanos. De hecho, es evidente que tiene más simpatía por Podemos que por la formación naranja.

¿Cómo sino explicar que un partido regional y minoritario sea capaz de montar una estructura a nivel nacional en pocos meses? Sólo puede lograrse con dinero y talento para la organización. Los tipos que dirigen las empresas del IBEX no son estúpidos ni para ingresar dinero ni para entregar maletines en un despacho, pero sí tienen la capacidad para ceder el talento que poseen y ponerlo a disposición del partido. Con diez o quince de sus mejores economistas, abogados e ingenieros, puede crearse una red política con sedes en todas las capitales de provincia e impulsar de la nada un partido liberal de nuevo cuño. Una vez engendrado el proyecto, las empresas se aseguran una posición ventajosa en el Congreso, con dos partidos de derechas. Tan sólo falta eliminar el obstáculo que impide un pacto PP-Ciudadanos, y que no es otro que Mariano Rajoy.

Por eso es imposible que Ciudadanos acepte nunca a Podemos, porque representa la antítesis de sus intereses. Toda esa basura retórica acerca de la renovación de la democracia y las fuerzas del cambio, no es más que morralla para periodistas y voceros. El cambio no es más que el cambio de poder.

Tampoco Podemos ha actuado en favor del bien común. Desde un principio puso por delante el referéndum catalán como línea roja, sabiendo que era una medida imposible de aceptar para PSOE y Ciudadanos. Podemos surgió como onda expansiva del 15-M, en defensa de la clase trabajadora. Era un movimiento transversal que no diferenciaba entre españoles. Aquello quedó en nada tras la entrada en el Congreso de Xavi Domenech, insinuando que podía poner en aprietos al partido si el referéndum no se planteaba.



No hay altura de miras ni visión de futuro. No se han dado cuenta de que ésta es la oportunidad. Se dejan llevar por las estrategias políticas de marketing e intereses partidistas tradicionales, típicos de PP y PSOE. No han sido ni serán capaces de conseguir un acuerdo de mínimos que logre iniciar la limpia de toda la corrupción que ha destrozado la nación ni de cimentar la recuperación de una democracia real.

Conseguirán la continuidad del PP y la pérdida de fuerza en el Congreso por no ceder los extremos.

miércoles, 6 de abril de 2016

A la caza de Podemos

Ha comenzado la temporada de caza mayor en el coto privado de la política. Mientras los Marksman engrasan los cerrojos de sus rifles, las pobres presas ignoran la suerte que les depara el futuro. Los bobalicones corzos de Podemos corretean entre sus escaños y juegan al tira y afloja con el PSOE y Ciudadanos para conseguir un pacto del todo imposible. Tan imposible, que las huestes fundacionales de Ciudadanos, comandados por el lugarteniente de Rivera el señor Girauta—, ya se han lanzado sin mesura contra la presa más codiciada del coto: Pablo Iglesias y su rebaño.

Las informaciones provenientes del PanamaLeaks han causado heridas en numerosas personas e instituciones, no sólo en Podemos. Pero es evidente que es mucho más cómodo publicar a cinco columnas sobre el rebaño de la izquierda que sobre la implicación del Banco Santander o del Banco Sabadell en todo este turbio asunto. Quizá será porque los periódicos de papel se venden envueltos literalmente en publicidad bancaria los fines de semana y quizá será porque todas las tertulias políticas de todas las radios están patrocinadas por la banca. Quizá, sólo quizá.



Cuando se abre la veda todos disparan a una y pocos aciertan, pero es igual, porque el estruendo de todos esos rifles ya ha causado la suficiente conmoción como para dejar a la presa desorientada y perdida. Los cazadores amartillan el arma, tiran del percutor y vuelven a la carga. Nuevas publicaciones, horas y horas de radio, tertulias a todo trapo. La presa está arrinconada, no sabe cómo defenderse.

Los días pasan y el plazo se acaba. Las elecciones llegarán y para entonces los cazadores ya esperan tener la cabeza del corzo colgada de la pared de su salón. Esperan tener su piel sobre los hombros. La cacería se convierte en una alianza de rifles, escopetas y balas de punta hueca. Todos quieren sacar tajada. Los mecenas que financian la cacería sostienen una copa de coñac en una mano; en la otra los prismáticos. Se miran confiados y se reconocen como iguales. La banca, las multinacionales, los oligarcas de los medios de comunicación. Todos comparten objetivo.



La presa sigue corriendo y lanza un alarido mudo de socorro. Nadie le escucha por el ruido de los disparos. Clama por su vida hasta que vislumbra su final. Morirá como mueren los débiles frente a los poderosos. Morirá porque el estruendo de los rifles ahoga sus lamentos.

Morirá porque está sólo.





viernes, 4 de marzo de 2016

La Auctoritas y la Potestas

Un 80% de los españoles opina que el tiempo de Mariano Rajoy ha terminado y que debe, por tanto, dar paso a otro dirigente. Casi un 40% de los votantes del PP opinan lo mismo según la encuesta que Metroscopia ha publicado hoy.

El poder o la potestas debe de tener una parte muy golosa cuando el señor Mariano Rajoy, sabiendo que 8 de cada 10 españoles quiere darle puerta, insiste en quedarse donde está. Por eso los romanos distinguían muy claramente en su Derecho los términos de auctoritas y de potestas. La auctoritas pertenece a aquellos que ostentan una capacidad moral reconocida y legitimada socialmente para emitir opiniones cualificadas sobre cualquier decisión. Y la potestas, en cambio, es la capacidad legal para hacer cumplir esa decisión; es decir, es el poder que te otorga el cargo institucional. Lo ideal para un líder sería gozar de ambas cualidades, pero es harto complicado que los aristoi, reconocidos por su auctoritas, lleguen al poder, como expliqué en el artículo Aristocracia y Oligarquía




La auctoritas no se puede comprar ni heredar, ni siquiera se puede aprender en ningún curso de coaching para snobs; la auctoritas la otorga el colectivo en un plano casi inconsciente. Existe algo en nuestras mentes que nos hace reconocer la auctoritas en un hombre o en una mujer. Incluso discrepando de sus opiniones, el colectivo respeta y admite la condición de persona venerable y digna de ser escuchada con atención. Era el caso de Clara Campoamor, que en base a su auctoritas, llegó a ser una de las pocas abogadas de su época, influyendo decisivamente en la obtención del sufragio femenino. También lo era Martin Luther King y su lucha por los derechos civiles o la Madre Teresa de Calcuta en su entrega a los necesitados.



Nelson Mandela, en los 27 años que estuvo en la cárcel, siempre conservó la auctoritas, porque no se puede arrancar a la fuerza ni destituir al individuo de su condición, es algo que el individuo obtiene a lo largo de su vida en base a sus hechos y a su trayectoria vital. Cuando fue elegido Presidente de Sudáfrica, Mandela obtuvo la potestas, que aunque es caduca y volátil, también es mucho más efectiva a corto plazo que la auctoritas. El caso de Mandela es excepción entre los dirigentes contemporáneos.


A los tiranos les preocupa la obtención de la potestas para sí, pero también la destrucción de la auctoritas por considerarla una amenaza a sus intereses. Es por ello que en las dictaduras se persigue a los intelectuales y a los librepensadores, además de a los disidentes y a los artistas. También las democracias europeas practican esta persecución, que aunque no sea sangrienta, no deja de ser perjudicial para el que la sufre. En muchas democracias, la persona con auctoritas es silenciada o vilipendiada en los medios de comunicación, para acallar o tergiversar su mensaje e intentar debilitar su influencia.

Mariano Rajoy nunca ha sido poseedor de la auctoritas, y su apego a la potestas no es más que el reflejo de la decadencia de su liderazgo. ¿Dónde está la auctoritas?

Quién sabe.


jueves, 3 de marzo de 2016

La Transición de Carrillo e Iglesias

Los años de la Transición española transcurrieron por unas aguas turbulentas y plagadas de peligros: el Ejército, el golpismo o la extrema derecha eran temores con los que los políticos muchos de ellos recién llegados del exilio tuvieron que lidiar con escrupulosa precaución.

Mientras Suárez se rompía la cabeza pensando en cómo iba a legalizar al PCE sin que se le echara el ejército encima, Santiago Carrillo hacía lo propio en relación a cómo iba a encajar a sus bases en una socialdemocracia a la europea. No era fácil la postura del Secretario General del Partido Comunista. 

El PCE o simplemente el Partido— había sido la única organización que durante 40 años había plantado cara al franquismo en la mismísima arena, pagando un indudable precio en forma de hostigamiento, tortura, cárcel, fusilamientos o garrote vil. Los líderes exiliados al finalizar la guerra, habían vivido toda su vida en Francia, Italia o en la Unión Soviética, y a su regreso, se encontraron con una organización sólida y curtida en las comisarias franquistas y en las carreras delante de los grises. Esa gente tenía claro que su lucha, su sangre, sus años de prisión y su resistencia habían de valer la pena, y pretendían obtener no sólo la libertad, sino un espacio de libertad justo, equitativo y cimentado en las consignas clásicas de su ideología: revolución, democracia de base, república, propiedad colectiva, socialización de medios de producción, banca pública. etc. Por tanto, Carrillo se situaba en una posición nada cómoda, de la que intentó salir mediante la baza del eurocomunismo





El eurocomunismo era una corriente iniciada en los años 70 por algunos partidos comunistas de Occidente (PCI, PCE, PCF) que decidieron desmarcarse del PCUS y de la revolución proletaria para aceptar algunos de los pilares fundamentales de las democracias europeas, procurando un mayor acercamiento a las clases medias.
La renuncia a la revolución, al partido único y a la dictadura del proletariado —es decir, la renuncia al leninismo— permitió la legalización del PCE y la entrada de los comunistas en el Congreso. En este caso, Santiago Carrillo, tuvo que tomar una decisión basada en la necesidad, aunque años después le costaría la cabeza como líder comunista.






Tampoco estuvo exento de renuncias el PSOE, que a pesar de tener asegurada su legalización, decidió abandonar los postulados marxistas que antaño sus bases y dirigentes habían enarbolado. En este caso, se trató más de una estrategia electoral que de una necesidad como tal. En una España como la de la Transición, el grueso de la población no poseía estudios superiores y el marxismo les sonaba a comunismo, del que tampoco sabían nada, excepto que mataban niños y se los comían; la maniobra de Felipe González se tornó existosa en tanto que pocos años después ganaba las elecciones generales por mayoría absoluta. 

Por tanto, a finales de los 70 principios de los 80, dos líderes de la izquierda decidieron iniciar una revolución interna contra sus propias ideologías en aras de mejorar su posición de poder en la sociedad, con resultados bien diferentes y sobradamente conocidos. Si entendemos la ideología como el conjunto de ideas y creencias construidos para legitimar los intereses de un grupo o clase social, no parece a priori que aquella fuera una decisión fácil. A toro pasado, los socialistas se jactarán de que aquella decisión fue brillante para la marca PSOE, aunque es discutible que lo fuera para el significado real de sus siglas. El PCE, por su parte, partiendo con la mayor ventaja de todos los grupos de la oposición franquista, dilapidó todo ese poder social para facilitar una Transición sin sangre en las calles. Murió con honor al aceptar las duras condiciones que le impusieron para su legalización. 




La analogía con el año 2016 no es sencilla, pero cabe el análisis si nos cuestionamos por qué Podemos pone por delante el referéndum catalán para comenzar a hablar con cualquier formación. Es evidente que la gran mayoría de los cinco millones de españoles que votaron al partido de Pablo Iglesias no lo hicieron para favorecer la secesión catalana, sino para dar solución a la emergencia social que se vive y para depurar las instituciones de los parásitos que hasta ahora las han ocupado. El referéndum catalán es la renuncia que Pablo Iglesias debería estar obligado a hacer para poder iniciar esta segunda Transición. 

Decía Churchill: "No dejéis el pasado como pasado, porque pondréis en riesgo vuestro futuro".