miércoles, 21 de agosto de 2019

El Open Arms y el negocio del transporte ilegal de personas

Las ONG's que trabajan en el Mediterráneo no patrullan el mar hasta encontrar pateras ni realizan rescates aleatorios de inmigrantes. La manera de proceder es navegar las costas de Libia, principalmente, esperando que un remolcador avise tras dejar una embarcación con los inmigrantes en alta mar. Cada uno de los inmigrantes paga una media de unos 5000 euros por una plaza en la patera y un remolcador que los transporte y avise al barco de la ONG. 

El barco de la ONG acude al punto de encuentro, recoge a los inmigrantes y pone rumbo a Europa. No se plantea dejarlos en el puerto seguro más cercano porque no se trata de un rescate marítimo, se trata de una transacción. No quiere decir que los inmigrantes paguen a la ONG; los inmigrantes pagan al tratante que organiza el viaje y la ONG recibe atención atención mediática, relevancia internacional y por tanto, subvenciones y donaciones para asegurar su sostenibilidad. 

Tras iniciar la recogida de los  inmigrantes, los trabajadores les procuran cuidados durante la travesía y el dueño de la embarcación, inicia las gestiones necesarias para su desembarco en Europa. Aquí entra en juego la maquinaría mediática, necesaria a todas luces para seguir en el juego. Si el foco de los mass media se coloca sobre su barco, la ONG logra un plus de poder frente a la resistencia del gobierno europeo de turno. Comienza la batalla por los minutos en prensa y por el posicionamiento en Twitter e Instagram. Cuanto más tráfico se genere, mayor será la probabilidad de doblegar al país de acogida. Lograr subir a bordo a una estrella del cine o a  un jugador de la NBA, sin duda aportará relevancia. El objetivo es viralizar el caso hasta que todo el mundo hable de él. 

El dueño de la ONG sabe perfectamente que el objetivo del desembarco en Europa le proporcionará prestigio humanitario frente a Occidente y fiabilidad frente al tratante, que continuará eligiendo sus servicios para llevar inmigrantes hasta las costas europeas. 

Si el gobierno decide ceder y acepta a los inmigrantes tras dos o tres semanas, la ONG habrá logrado su cometido y podrá volver al mar. Occidente habrá pasado quince o veinte días discutiendo sobre un centenar de inmigrantes e ignorando que en Julio de 2019, solo a través de Algeciras, llegaron más de 1900 personas a las costas españolas de manera ilegal. 

Todos los actores de esta situación reciben su parte: los mass media obtienen una buena historia y gran cantidad de tráfico narrando el relato del día a día del barco. La ONG recibe notoriedad internacional, lo que le proporciona ingresos provenientes de las donaciones. El tratante recibe el dinero de los inmigrantes y se gana una imagen de fiabilidad y capacidad para llevar con éxito gente a Europa de manera ilegal. 

Estas serían algunas de las consideraciones generales pero en el caso del Open Arms, habría que subrayar las consideraciones particulares. Mientras el barco se encontraba en aguas italianas, recibió el ofrecimiento del gobierno español para su desembarco en el puerto de Algeciras. Óscar Camps, el dueño de la ONG rechazó la propuesta alegando que los inmigrantes no estaban en condiciones de asumir cinco días más de viaje. Sin embargo, tampoco consideró la posibilidad de acudir a Túnez por ser un destino donde los derechos de los inmigrantes podrían ser violados. La ONG también rechazó Mallorca y Mahón en los últimos días. Si os preguntáis por qué, la respuesta puede estar en que el Open Arms tiene una multa pendiente de 900k euros en cuanto pise puerto español y una posible inmovilización, como ya le ocurrió en Barcelona durante más de 100 días, según Capitanía Marítima por "negarse a desembarcar inmigrantes en el puerto seguro más cercano". Éste es el negocio Óscar Camps, que también ha colocado a su empresa de socorrismo en un buen puñado de playas españolas, ganado concursos mediante abaratamiento de costes, jornadas maratonianas de los trabajadores, etc... 

Ésta es la realidad que los medios no cuentan, la que resulta tabú porque podría distorsionar el relato que han articulado y la que resulta políticamente incorrecta. Por eso nadie quiere oírla, porque resulta incómoda y no encaja con la corriente altruista que nos dicta el relato oficial. La gente no quiere oír nada de mafias ni tráfico de personas y mucho menos de trapos sucios o intereses económicos por parte de las ONG's. Quieren una historia de héroes que se dedican a salvar vidas por convencimiento filantrópico frente a la burocracia capitalista europea que gira la cabeza y cierra sus puertas a gente indefensa. 

No hay nada que hacer, creedme.

viernes, 12 de abril de 2019

Indepes y españoles

Hoy he visto un vídeo de Cayetana Álvarez de Toledo intentando acceder a la Universidad Autónoma de Barcelona mientras un grupo de estudiantes la increpaba. Uno de los colaboradores de la candidata del PP se ha girado hacia la muchedumbre y le ha dedicado un saludo nazi y unos cuantos cortes de mangas. Así están las cosas en Cataluña, cada día más polarizada entre los independentistas y los que se hacen llamar constitucionalistas —como si la apología del nazismo fuera constitucional—. No sé si Álvarez de Toledo comparte la misma línea de pensamiento moderado que su amigo el del saludo nazi, pero, en todo caso, tiene muy poco de criterio a la hora de rodearse de gente válida.



El incidente de la UAB sólo es una fotografía más de dos bandos que están en guerra en el escenario, mientras el público, que no deja de ser una abrumadora mayoría, observa impávido la escena desde sus butacas. Si la escalada de odio prosigue, el primer muerto no tardará en llegar y ése será el punto de no retorno. Muchos desean llegar a ese punto pero sólo algunos locos están dispuestos a dar ese paso. Cuando observo las manifestaciones independentistas, veo cantidades ingentes de jóvenes de primero de facultad que aún están en la edad de la "revolución, los medios de producción para el pueblo" y demás fanfarria que queda muy bien pregonar cuando vives los años universitarios pero que queda en nada cuando empiezas a vivir de forma independiente. Estos chicos son independentistas porque se ha relacionado de algún modo el independentismo con la izquierda, cuando los principales impulsores del nacionalismo catalán siempre han sido miembros de la burguesía catalana, los mismos que sacaban bajo palio a Franco por temor a perder la fabriqueta. Sin embargo, existe una especie de tregua entre esta masa aparentemente comunista y los pijos catalanes de Gracia, hijos y nietos de ricos y padres y abuelos de ricos. Sería curioso hacer política ficción e imaginar una República Catalana con un sistema comunista al estilo venezolano y los agentes de la República, que serían de ERC y de la CUP, paseando por los polígonos industriales para ceder todos los medios de producción a los charnegos que trabajan en ellos. Es decir, se lo quitarían a los catalanes de ocho apellidos para dárselo a los hijos de españolazos que vinieron de Extremadura y Andalucía. Dios mío, sólo por eso ya merecería la pena la independencia.

Por otro lado está la batalla de la imagen. Aquí los constitucionalistas lo tienen muy mal, no nos engañemos. La bandera española no es un símbolo demasiado cool y lleva muchos años cotizando a la baja. Por no hablar de los que ocultan su verdadera ideología, como el amigo de Cayetana, que no hacen más que perpetuar esta imagen de lo español como algo de fachas. Lo cierto es que es muy sencillo encontrar a verdaderos subnormales con fotos de la bandera española y el águila de San Juan o directamente con una esvástica en medio, por qué no.

Los indepes cuentan con la parte comunista, que siempre es un plus. De hecho, la estelada no es más que una reproducción de la bandera cubana con los colores de senyera. Pero, por contra, también cuentan con toda esta ristra de pijos insufribles que no pueden esconder su condición porque han sido educados en un ambiente de superioridad moral de tal calibre que les resulta imposible comportarse de otro modo. Esos trajes de 3000 euros, esas gafas de pasta roja de Armani, esos relojes de oro... son demasiados elementos distintivos a los que no se puede renunciar. Menos mal que el Buli cerró, porque en su día estos tíos no salían de allí.

En fin, no defiendo ni a unos ni a otros, todos me parecen la misma mierda.



viernes, 27 de abril de 2018

El Neo Feminismo

Tiempo ha que pretendía abrir el melón del neo feminismo imperante en occidente. Su propagación, rápida e incisiva, me preocupa en cierta medida aun comprendiendo que es acorde a los días que vivimos, donde las redes sociales reinan sin rival alguno en el campo de la comunicación instantánea. En no más de dos o tres años el neo feminismo ha impregnado y condicionado hasta el último rincón de la vida pública del individuo medio —entendiendo vida pública como aquellas situaciones donde uno se expresa en presencia de los demás, ya sea en persona o digitalmente—. Existe tal pavor a escribir un tuit que no caiga en gracia de las feministas, que no pasa un solo día sin que sienta vergüenza ajena al leer las gilipolleces monumentales que algunos lamebragas se dedican a publicar. Me refiero al llamado mansplaining, ese concepto anglosajón que mezcla el paternalismo con la condescendencia y en el que muchos eunucos mentales caen continuamente.

Aun así, en ocasiones compadezco a estos idiotas, porque la realidad es que ser el objetivo de una legión de misándricas rencorosas es muy jodido. Para empezar porque ellas poseen la verdad y tú, como hombre, debes callar y escuchar, que parece un mantra bordado de los que se colgaban en los colegios de monjas pero que, sin embargo, es uno de los principales lemas que esta gente utiliza en su guerra abierta contra el heteropatriarcado. Y sí, se suele hacer énfasis en el "hetero" porque en este movimiento ya no sólo se lucha por los derechos de las mujeres, sino que los heterosexuales también son tratados como sospechosos en potencia de ser opresores. Una tarde crucé algunos tuits con una chica que intentaba convencerme de que yo, por ser hombre, blanco y heterosexual, era un potencial opresor. La chica, que en todo momento se mostró educada, pretendía que aceptara esa soberana estupidez porque en el seno de su movimiento lo tienen tan interiorizado que creen a pies juntillas que los hombres debemos ser tratados como potenciales opresores por nuestros genes. Racismo puro, vaya. Por supuesto, esta chica, que rondaría los veinte años, se calificaba a sí misma como "Comunista, feminista y sobre todo, mujer". En fin, la descripción típica de una cría que cree en la revolución, que le encanta ir a manis y que intentó dejarse crecer pelos en los sobacos para ser más cool pero enseguida se arrepintió y volvió a pasarse la Silk-epil.



La verdad es que España es el quinto mejor país del mundo para nacer mujer, según el Georgetown Institute For Women, Peace and Security. Sólo Islandia, Noruega, Suiza y Eslovenia nos superan en igualdad. Es decir, vivimos en una sociedad envidiable donde desde 1980 está prohibido por ley que una mujer cobre menos que un hombre por desempeñar el mismo trabajo. Estos datos son, en su mayoría, desconocidos por el gran público al quedar escondidos tras la ingente cantidad de mierda que los medios vuelcan al día. Por alguna razón que no termino de comprender, existen intereses muy potentes en hacer creer a la población que viven sumidos en una sociedad troglodita de cerdos heterosexuales donde a las mujeres se las utiliza como meros juguetes del macho alfa y poco menos que se las lapida por la calle.

Los datos no llegan a la gente porque los datos no son interesantes. Son aburridos y, por encima de todo, no se corresponden con su línea de pensamiento. Por eso se utiliza una sentencia lamentable como la de los 9 años a los desgraciados de "la manada" como santo y seña de su argumentario. Es decir, el neo feminismo piensa que "España es un país machista"; por tanto, utilizan casos rimbombantes y con gran eco mediático para extrapolarlos al resto del país. Sin embargo, no se denuncian por igual todos los casos de violación que aparecen en prensa. Como ejemplo más reciente, citaré la detención de una banda de diez argelinos que violaron repetidamente a tres chicas en Alicante. Uno de ellos ofrecía drogas o alcohol a una de las chicas, la convencía para llevarla a su casa y allí esperaban el resto para consumar la encerrona. Pero cuando uno acude a Twitter, comprueba que la noticia no ha tenido la trascendencia ni el impacto que en su día causó el caso de "la manada", quizá porque para ciertos sectores moralistas, el interés no está en la denuncia de la violación ni en la pobre chica, sino más bien en aquellos extras que la hacen más redonda para su agenda política, como la figura del guardia civil y del soldado —lo que no quita que esta gentuza se merezca lo peor en la vida—.

Twitter es una pasarela de tontos del culo que asienten como lerdos a cada hostia que reciben. La moda de cargarse la ortografía y el sexo están convirtiendo a una sociedad mediterránea y alegre —como era ésta hasta hace unos años— en una caverna de puritanismo anglosajón dominado por los dueños de la corrección política y sus comisarios políticos, repartidos por doquier en las televisiones, radios, periódicos, podcast, webs, etc... La mayoría de ellos se dedica al manido arte del reparto de carnets de demócratas o de fachas. No necesitan mucho material para calificar a los individuos. Es un don. Con un simple avatar, un tuit o un nick, esta gente se cree capacitada para echar a los perros a cualquiera que se cruce en su camino. Mientras se llenan la boca con la libertad de expresión, se dedican a señalar con el dedo todo aquello que les molesta. Y, cuando la bola crece lo suficiente, se producen los linchamientos virtuales y las cacerías. No hay límites. Se publican datos personales, fotografías de todo tipo, información de su trabajo y familia, etc. En menos de 24 horas se logra destruir a una persona por completo.

Esto es Internet hoy día y esto es Twitter.





martes, 19 de septiembre de 2017

El Procés

En 1991 yo era un crío que no tenía ni idea de nada, pero recuerdo con nitidez la guerra de Bosnia. Los bombardeos en Sarajevo, la imagen del Carnicero de los Balcanes o las crónicas de Pérez-Reverte forman parte de los flashes de memoria cuando intento echar la mirada atrás. Si lo recuerdo es porque aquélla fue la primera guerra de la que tuve consciencia. La primera que sentí como real y la primera que me ofreció imágenes que me impactaron sobremanera. Os aseguro que a principios de los noventa no existían tantos remilgos a la hora de publicar en el telediario del mediodía la imagen de varios cadáveres calcinados y colgados de un puente; o de fosas comunes humeantes y repletas de pobres diablos. En el colegio hacíamos dibujos para los niños de Sarajevo y reuníamos comida para donarla a la ONG de turno. Hay quien traía una caja de galletas, otros un paquete de arroz o un cartón de leche. Daba igual. Todos los niños de mi generación sabíamos que en Sarajevo, los niños como nosotros, morían por los bombardeos o por rifles serbios. Conocíamos a Slobodan Milosevic con el sobrenombre del Carnicero de los Balcanes y su foto aparecía cada noche en televisión. De apariencia engañosa, este orondo adalid del mal, fue acusado por los tribunales internacionales de crímenes de lesa humanidad y de limpieza étnica. La desintegración de Yugoslavia trajo consigo tres guerras en un corto periodo de tiempo, la más cruenta la desarrollada en Bosnia, donde además de producirse matanzas como la de Ahmici, se producían violaciones en masa de mujeres bosníacas. Todo aquello fue demencial. Y en pleno corazón de la vieja Europa.

Durante algunos años creímos que Europa aprendería del error de los nacionalismos. Qué estupidez pensar que el hombre puede protegerse de sus errores. Si intentara cualquier analogía de lo pasado en los Balcanes con la situación que vive España hoy día, lo más seguro es que más de uno se llevase las manos a la cabeza o me tachase de majara. No voy a hacer ninguna analogía, pero sí señalaré los puntos que me preocupan de la posible sedición catalana. 





En primer lugar, me preocupa el aroma racista que puede apreciarse en cualquier hilo de Twitter donde se esté discutiendo del tema. Es decir, esta percepción de que el procés es un derecho fundamental de los catalanes. Los más horteras hablan de "legitimidad por nacimiento" y de "derechos históricos", refiriéndose a ellos mismos como parte de un ente que clama al cielo por su libertad, que está en juego por el poder del Estado opresor. Algunos indepes de Twitter suman y restan desesperados para dar con los deseados ocho apellidos catalanes. En fin, esto de la pureza de sangre es algo muy habitual dentro del mundo del nacionalismo, que siempre ha intentado demostrar bajo estándares de dudosa enjundia científica aquello que les hace genuinos y que les diferencia, a su vez, de la chusma a repudiar. Mientras los nazis hacían mediciones del cráneo y de la nariz de los judíos, los catalanes de la ANC (Assemblea Nacional Catalana) intentan rebuscar en el RH Negativo y otras majaderías que ya intentó Arzalluz en Euskadi. También es propio de este racismo velado el estigmatizar a aquel que no es buen catalán, como por ejemplo la mitad del Parlamento de Cataluña, según los estándares sectarios de la ANC. Es conveniente disponer de un par de adjetivos peyorativos que definan con absoluto desprecio al "mal catalán", que por mucho que haya nacido aquí "no es uno de los nuestros". En este caso, el botifler sería el judío de la Berlín de los años 30, un paria al que todo el mundo puede escupir y señalar con el dedo. El charnego, que es ese hijo de españoles nacido en Cataluña, puede ser útil si se une a la causa o puede acabar siendo lo que es, un español más. 

Mi segunda preocupación viene de preguntarme de dónde viene tanto odio. En Twitter se habla de represión del Estado, de marginalidad del catalán, etc... pero sobre todo se habla de fascismo. No porque se sepa de fascismo, desde luego. Sino porque lo habitual en Twitter es calificar las opiniones de aquellos que no apoyan el procés o el referéndum como fascistas. Tal que así. El otro calificativo es el ya manido facha o franquista, nada nuevo. Sin embargo, los entusiastas chavales de la futura mejor República de Europa, que insultan a todo el que dice algo en contra de su visión, suelen haber nacido hace poco menos de veinte años, coincidiendo con el traspaso de la competencia de Educación del Gobierno de España a las Autonomías: una jugada maestra perpetrada por el gobierno de Aznar y que sin duda fue clave para la situación que hoy vivimos. ¿Cómo es posible que exista una generación entera por debajo de los 22 años que odie con absoluta pasión a España y a los españoles? La respuesta es el adoctrinamiento que se ha llevado a cabo con esta generación, que ahora, domina la calle y tiene puesto en pie de guerra a un país de la UE. Bravo Aznar, bravo. Otro mini punto para tu gobierno. 

Y el tercer punto que me preocupa es Rajoy. Pero escribir sobre Rajoy me da verdadera pereza, así que sólo diré que no comprendo cómo es posible que un tipo que es Presidente del Gobierno se dedique a leer el Marca por las mañanas y a fumarse un puro mientras se cocina la sedición en sus narices. 








jueves, 8 de junio de 2017

Políticamente Correcto: el discurso que está destruyendo Europa

Velas, ositos de peluche, un Pray For London rotulado en una cartulina y un cordón policial que asegura la zona. Son algunos de los elementos que se suceden tras cada atentado y que forman un collage de horror, desconcierto y debilidad que nos retrata como meras presas a expensas de ser cazados. Después, los mass media terminan de hacer el trabajo con algunos titulares políticamente correctos para no herir sensibilidades: inglés de origen afgano, lobo solitario, presuntos atacantes, de ascendencia siria, etc. Esta ingente tarea de desgaste gota a gota ha calado tras varias décadas de dedicación plena a la tarea de crear generaciones vacías de crítica pero llenas de culpabilidad. A las pocas horas de cada atentado, en Twitter se observa este fenómeno con preocupante claridad. Dos mensajes se elevan por encima del resto: el #PrayFor y el "no todos los musulmanes son terroristas".

Además, son muchos los que se erigen en ese momento como defensores de los musulmanes, en un ejercicio delirante del peor de los síndromes de Estocolmo. Es posible que esas actitudes tan incomprensibles sean un mecanismo de defensa que les evite preguntarse por qué nos están masacrando y sobre todo, quiénes serán los próximos.




La realidad es que los islamistas no son imbéciles y hace tiempo que detectaron la autodestrucción en que la pusilánime sociedad europea se había embarcado. El origen de este mal no es otro que el discurso de la corrección política o políticamente correcto. Es una doctrina difusa y maquiavélica que se encarga de categorizar, etiquetar y difundir qué aspectos de la vida social deben ser bien vistos y cuáles no. Algunos de sus principales intereses se centran en la ideología de género, en la inmigración o en el Estado como nación de naciones. El discurso de la corrección política funciona en base a ciertos cánones que no se sabe quién establece pero que los mass media y las redes sociales hacen propios sin mayor reflexión que el dedo al que miles de imbéciles miran en vez de a la Luna.

La ideología de género es toda una fuente de la que emana constantemente borbotones de mierda que intentan colocar como sea. Esta semana se ha lanzado desde el Ayuntamiento de Madrid la iniciativa de prohibir el despatarre de los hombres en los asientos del transporte público. A partir de esta noticia, el discurso de lo políticamente correcto nos venía a decir que el canon de opinión aceptable debiera ser: el hombre debe ocupar el mismo espacio que la mujer y la apertura de las piernas indica una muestra obscena de pavoneo sexual que la mujer no debe tolerar. Cualquiera que manifestase su disconformidad con esta iniciativa del Ayuntamiento era tachado automáticamente de machista por decenas de policías de la ideología de género. Existen multitud de palabras que el discurso de la corrección política utiliza para enterrar a cualquier disidente del movimiento. Si un padre al que no permiten ver a sus hijos por un divorcio injusto se queja en Twitter, acto seguido cualquier imbécil con medio dedo de frente le insinuará que es un maltratador. Y no existe réplica posible, porque una vez que señalado por los héroes de la corrección política, a sus ojos, esa mácula jamás desaparece.

En cuanto a la inmigración, existe todo un fenómeno de dulcificación de la misma. Los mass media presentan siempre la parte emotiva que a todos nos debiera llegar. Juegan con las desgracias de muchos y ocultan las fechorías de otros tantos. No nos hablan de la guerra demográfica que se está librando y que está perfectamente orquestada desde países como Arabia Saudí, con ambiciosos planes de invasión a largo plazo utilizando la ingeniería social. Un musulmán, con cuatro esposas, tiene más de cinco hijos de media con cada una. Las matemáticas básicas nos darán la respuesta de porqué es una guerra que Occidente no puede ganar.  Además, con la declaración de exterminio que el Estado Islámico nos ha lanzado y las cabezas de cientos de infieles cercenadas como testigos, quizá sea prudente mantener un debate más serio y complejo antes de abrir las puertas de nuestro hogar de par en par. ¿Qué dice el discurso de la corrección política? "Racista y xenófobo".




La clase dirigente europea es pusilánime, es débil y es temerosa de los medios de comunicación. Temen por su puesto y temen por la imagen que proyectan. Piensan exclusivamente en los próximos cuatro años y en saldar la legislatura sin cabrear a más colectivos de la cuenta. El resto de estrategias a largo plazo les importan una mierda. Con tal de no ser tachados de racistas y por la culpa que arrastran desde la II Guerra Mundial son capaces de albergar un millón de inmigrantes al año (Alemania). Por el temor a recibir denuncias del colectivo musulmán, emiten una ley que impide a la policía detener a nadie a partir de las 22 horas (Bélgica). Por no herir sensibilidades a los catalanes, el Ejército no se despliega en las calles ante una amenaza terrorista de nivel 5. Y así podemos recorrer toda Europa con medidas que no guardan lógica alguna.

Esta Europa cobarde y maltrecha, sin ejército y sin poder alguno, sólo es carne de cañón para los verdaderos lobos que vienen a por nosotros. Lobos que no son solitarios, sino que vienen en manada a arrancarnos el cuello a dentelladas.



martes, 11 de abril de 2017

El Odio en Redes Sociales

Las redes sociales han crecido los últimos años amantadas por el odio; se nutren de él. Ni siquiera hay que profundizar demasiado en ellas para darse cuenta de que son un pozo sin fondo de miseria moral. En concreto Twitter, que es el foro social más concurrido a diario para comentar la actualidad, desprende un tufo a ponzoña insoportable. En Silicon Valley lo saben, pero sería de estúpidos combatir aquello que te da de comer y, por tanto, se han escudado en la siempre socorrida libertad de expresión para lavarse las manos en este tema. Twitter es el patio de colegio donde dos críos se parten los morros en el recreo mientras una docena forman un corrillo y corean sus nombres. La diferencia es que en este colegio el director observa la escena desde su ventana, sonríe, y continúa contando su cash.

A mí, Twitter me fascina y me asquea a partes iguales. Me fascina el hecho de que cualquier evento o circunstancia que ocurra en el planeta y que tenga cierta relevancia, salte a la plataforma en cuestión en segundos. Y me asquea que, a los pocos minutos, ya haya un par de gilipollas quejándose. El tema a tratar es irrelevante. Lo importante es darle la visión más mezquina que se pueda para, acto seguido, poder compartirlo con el mundo. Ciento cuarenta caracteres le bastan a cualquier indigente intelectual para hacer daño a otras personas. Ni siquiera saber escribir constituye ningún filtro. Basta con hacerse entender.

Ejemplos hay miles, pero por recordar algunos de los más sangrantes, citaré el del niño con cáncer que quería ser torero y varios miserables, que se decían antitaurinos, le desearon la muerte por Twitter. El niño, finalmente ha fallecido esta semana y, durante unos días, sus padres tuvieron que verse vilipendiados por esta gentuza que no merece ni medio segundo de atención.

Todo esto me ha llevado en ocasiones a preguntarme qué coño pasa en el mundo occidental que justifique con cierta lógica todo este odio disparatado y cruel que se lanza contra cualquier cosa que se ponga por delante. Una de las respuestas que parecen más evidentes es que existen muchos más gilipollas de los que pensábamos a nuestro alrededor. Sin embargo, no parece ser ésa la principal causa. Es decir, para que alguien se convierta en un energúmeno debe existir todo un proceso social y psicológico de mina de la autoestima que lleve a estos individuos a un estado constante de ira y frustración y a una necesidad irrefrenable de intoxicar a sus semejantes.

Llevo mucho tiempo en Twitter y siempre he observado que los temas donde se generan bandos es donde se ve con mayor claridad esta escalada de odio profundo que desemboca en publicaciones y tuits de lo más demencial. Por supuesto, todos pensamos enseguida en la política, pero el odio entre ideologías es de sobra conocido y viene de muy lejos. Me interesan más otros temas más mundanos y que quizá os sorprenda saber que también generan un odio incomprensible entre tipos con intereses a priori semejantes. Por ejemplo, la industria de los videojuegos.




Algunos pensaréis que es de chalados pensar que una parte importante del ocio que consumen muchas personas, como son los videojuegos, y que suele asociarse a diversión y esparcimiento, genere odio. Pero la realidad es que la comunidad de los videojuegos es una de las más tóxicas que pululan por internet. La explicación procede de la identificación que muchos usuarios hacen con las marcas de los productos que consumen. Es decir, aquel que se compra una Play Station 4, tiende a defender su producto en contraposición a aquellos que han adquirido sistemas de juegos diferentes como Xbox o Nintendo

Es curioso ver en los foros, en Twitter o en YouTube, los cientos y cientos de comentarios que se generan tras cualquier noticia que afecte a una de las tres compañías. No son comentarios donde los usuarios hablen de los juegos y compartan las alegrías de su hobby favorito, en absoluto. El mayor tráfico de comentarios y reacciones está relacionado con una especie de guerra de consolas donde los usuarios de Play Station se ríen de los de Nintendo o los de Nintendo entran a rajar sobre noticias de Sony. Se llegan a generar volúmenes de visitas incomprensibles en vídeos de YouTube donde alguien critica de manera abierta a otras compañías. En este sentido, parece que existe una especie de necesidad en ciertas personas de defender su compra, sintiéndose gravemente ofendidos cuando otro usuario critica su producto.

Esto tiene connotaciones muy graves de baja autoestima y discutible personalidad, porque nadie debería ligar su honor personal al de un producto o una marca comercial, así como tampoco parece razonable odiar a otras marcas por ser competencia de la “suya”. Estas broncas no suceden de manera esporádica como alguien podría pensar. Lo preocupante es que a diario en los comentarios de YouTube se leen barbaridades de todo tipo y forma; incluidas amenazas de muerte hacia ciertos youtubers de uno u otro bando.

Es decir, cada día cualquiera puede comprobar de primera mano el triunfo absoluto y aplastante del marketing de las multinacionales, que han logrado generar millones de fans acérrimos a sus marcas, capaces de defenderlas con fiereza allá por donde pasan. Es una publicidad infiltrada en foros, en discusiones de Twitter y en cientos de videos de YouTube que hablan constantemente de las citadas marcas y de sus productos. Nadie parece darse cuenta de lo que ocurre, excepto los cerebros que hay detrás de las campañas publicitarias y los diseñadores de estrategias globales de marketing de Nintendo, Sony o Microsoft.

Tan sólo es un ejemplo de los bandos que se crean en la red y de los que surgen los llamados haters. Sospecho que en algún momento de nuestra reciente historia, Occidente generó una serie de problemas sociales relacionados con el consumismo enfermizo y con la dispersión de la imagen que proyecta la publicidad, en la que millones de personas fueron cayendo de manera gradual, asimilándolos como propios. 

El deseo de poseer aquello que no se posee

Una aliteración que encierra en sí misma poderosas consecuencias relacionadas con una autoestima minada por el bombardeo de anuncios y por la lluvia fina de mensajes que nos dicen lo estupendo que te hace este producto o el otro y lo feliz que serías si te compraras no sé qué. Nuestra sociedad occidental, basada en el mercado libre y salvaje, se ha dedicado durante décadas a provocar el deseo en la persona y a transformar a la persona en consumidor. 

Y el deseo no correspondido provoca insatisfacción, frustración e infelicidad, pilares fundamentales del odio que nos rodea. 

jueves, 30 de marzo de 2017

Un año de cárcel por reirse de Carrero Blanco en un tuit

Así es, amigos. La tuitera Cassandra Vera (@Kira_95) ha sido sentenciada por la Audiencia Nacional a un año de prisión por escribir 13 tuits sarcásticos y burlones sobre la muerte de Carrero Blanco.

Parece una broma de mal gusto, pero es absolutamente cierto. Aquello que tantas veces hemos hecho todos, es decir, bromear sobre el atentado de Carrero Blanco que elevó su coche por encima de una cornisa, ha llevado a una estudiante de historia de 21 años a la cárcel. Así está el panorama actual en la justicia de este país.

Tuits como los siguientes:

"ETA impulsó una política contra los coches oficiales combinada con un programa espacial" 
"Kissinger le regaló a Carrero Blanco un trozo de la luna, ETA le pagó el viaje a ella"
"Elecciones el día del aniversario del viaje espacial de Carrero Blanco. Interesante"

Y diez más del estilo. Se puede discutir si los mensajes son más o menos brillantes o si adolecen de mal gusto e incluso cierta amoralidad. Es posible que reírse de la víctima de un atentado no sea nada cortés ni elegante. También se puede opinar que Carrero Blanco es un personaje histórico que murió hace 44 años y que quizá el mofarse de su muerte queda fuera de la órbita de la humillación por motivos temporales. En realidad, todo es opinable. O eso creíamos.

Cassandra Vera @Kira_95


Según la Audiencia Nacional, escribir este tipo de tuits constituye "desprecio, deshonra, descrédito, burla y afrenta a personas que han sufrido el zarpazo del terrorismo y sus familiares" -perdonad la sintaxis tan atroz, pero es una cita textual de la sentencia- y por tanto, todo este pequeño apartado queda fuera de la libertad de expresión. A partir de ahora y según la jurisprudencia que establece este documento, quedará penado el hecho de hacer mofa sobre cualquier persona, independientemente del tiempo que haya pasado. Olvidad la sátira, el sarcasmo y la ironía. Olvidad a Quevedo, a Séneca, a Horario o a Lucilio. ¡Todos a la cárcel!

Por tanto, todos aquellos que alguna vez hayáis hecho chanza sobre el tiro que se pegó Hitler, sabed que estáis en riesgo de condena. De hecho, según la Audiencia Nacional, Quentin Tarantino en su cinta Malditos Bastardos cometió "burla y afrenta" sobre la muerte de Hitler y es muy posible que hiriera los sentimientos de sus descendientes o allegados -si es que los tuvo-. También se debiera investigar a los miles de españoles que bromearon en su día sobre Irene Villa en los patios de colegio mientras se comían su bocadillo de nocilla. Aquello fue deleznable, claro.

Es muy posible que yo mismo haya cometido delitos de esta índole; recuerdo algunos buenos chistes sobre Napoleón o Felipe II. Joder, seguro que el timeline de mi Twitter está plagado de pruebas delictivas que sumadas podrían mandarme a la cárcel una buena temporada. No puedo ir a la cárcel, coño. Soy una perita en dulce. Sería puta carnaza para los presos. Espero que me lleven donde Urdangarín. Creo que lo han mandado a Suiza a cumplir condena. No me gusta mucho el frío, pero bueno, definitivamente elegiré Suiza, sí.

Volviendo al tema principal, me pregunto si este asunto tan ridículo y tan jodido a la vez no será una puta advertencia generalizada para cerrar las bocas virtuales de los millones de personas que cada día rajan de los políticos a través de Twitter. ¡Digo yo!

Esta mierda no hay por dónde cogerla.